¿Los niños prefieren jugar con un balón y las niñas con muñecas porque desde muy pronto son “educados” para jugar con ellos o hay una diferencia innata entre los dos sexos? En un mundo donde existen tantas diferencias entre hombres y mujeres en el deporte, política, la  empresa y otras áreas, y donde este debate lógicamente está muy vivo, esta es una cuestión bastante controvertida. Diferencias en el comportamiento desde los niños a la hora de jugar desde edades muy tempranas podría sugerir, no sin discusión, que los sexos podrían tener distintas inclinaciones profesionales no solo por diferencias culturales o de oportunidades, sino en parte por disposiciones innatas.

Un nuevo estudio (por los investigadores B. Todd,  J. Barry y S. Thommessen) intentó ahondar en este asunto analizando las preferencias por juguetes en niños de 9 a 32 meses durante sus recreos en la guardería. Los resultados, aunque con algunas limitaciones, parecen apoyar la tesis de que los niños y las niñas muestran preferencias tipificadas por género antes de tener la edad mínima para ser conscientes de su sexo e incluso en ausencia de sus padres, cuya presencia podría influir en ellos para jugar del modo estereotipado por género.

Obsérvese que los propios investigadores no enmarcan su estudio explícitamente en términos de política de género, sino que destacan que estas diferencias sexuales son “de interés en relación con el cuidado infantil, la práctica educativa y la teoría del desarrollo infantil”.

El equipo de investigadores hizo su experimento con 47 niñas y 54 niños en cuatro guarderías (con marcado carácter multicultural) en Londres. Cada niño fue analizado por una investigadora en una zona tranquila aislada del resto de los niños. El niño fue colocado en un semicírculo rodeado por siete juguetes identificados en una encuesta local como estereotipadamente masculinos (un coche, un peluche azul, un excavador y una pelota) o estereotipadamente femeninos (una muñeca, un peluche rosado y una olla). Los juguetes fueron colocados aleatoriamente al alcance del niño, que fue alentado por el investigador a “jugar con cualquiera de los juguetes”. Durante tres minutos, el investigador tomó notas en cada intervalo de cinco segundos según si el niño había sujetado deliberadamente, tocado o movido cualquiera de los juguetes.

Los investigadores dividieron a los niños en tres grupos de edad: 9-17 meses, 18-23 meses, y 24-32 meses. En cada grupo de edad había un patrón claro: los niños demostraron más interés en y jugaron por más tiempo con los juguetes “masculinos” y las niñas mostraron un sesgo similar por los juguetes “femeninos”. Otro hallazgo sorprendente fue que las preferencias de género mostraron una evolución diferente para los dos sexos: a medida que los niños crecían, mostraban una preferencia aún mayor por los juguetes “masculinos”, mientras que las niñas empezaron con una preferencia “muy fuerte” por los juguetes femeninos que disminuía a meramente “fuerte” en el grupo de mayor edad.

Entre los problemas que plantea el experimento está lógicamente el hecho de que los niños pueden haber sido influenciados por la presencia de sus compañeros ubicados en otra parte de la sala – investigaciones previas han demostrado que los niños son más propensos a jugar de acuerdo con los estereotipos de género cuando están con sus compañeros. Además, es posible que los niños ya hayan sido influenciados a jugar con determinados juguetes por sus padres o cuidadores. Sin embargo, los investigadores llegaron a la conclusión de que “el descubrimiento de las diferencias sexuales en la elección de juguetes antes de la edad en la que la identidad de género suele manifestarse es consistente con las explicaciones biológicas en lo que a preferencias de juguetes se refiere”. Añadieron que sus resultados también apoyan la investigación anterior utilizando diferentes métodos, incluyendo un estudio que demostró que bebés con tan solo tres meses mostraban una preferencia por juguetes estereotipados como de su propio género.