Nuestra sociedad actual da por buena una regla, generalmente aceptada, que afirma que la mayoría de las personas tienden a socializar y que, cuanto más socializan, más felices son. Un estudio reciente demuestra que, siendo cierta esta regla general, existe una excepción: las personas muy inteligentes.

Cuánto más socializa una persona inteligente con su entorno, menos satisfacción provoca en su vida. Asimismo, el estudio indica que estos resultados se ven con más claridad en personas con un nivel de inteligencia muy alto.

Para este estudio se seleccionaron hombres y mujeres de entre 28 y 38 años, se estudió la densidad de población de los lugares donde vivían y, por último, se consideró el grado de satisfacción personal.

Los resultados mostraron que, en general, aquellos que vivían en áreas con una menor densidad de población estaban más satisfechos. Como los propios autores explican, aquellos que vivían en zonas rurales o pequeñas ciudades eran más felices que aquellos que vivían en la periferia acomodada de las grandes urbes, que a su vez eran más felices que los que vivían en ciudades de tamaño medio y, a su vez, estos últimos eran más felices que los que vivían en las grandes ciudades.

Las explicaciones que esgrime este estudio son ciertamente curiosas. En primer lugar, la inteligencia es una facultad que está más enfocada al logro de metas y proyectos a largo plazo, por lo que socializar puede suponer una distracción para la consecución de estos objetivos.

Los autores también dan una segunda explicación evolutiva de por qué las personas muy inteligentes, al socializar, no logran la misma satisfacción que otras: a mayor nivel de inteligencia las personas tienen más capacidad de adaptación al mundo moderno. El hombre, en su proceso evolutivo desde la prehistoria, ha pasado de necesitar un estrecho contacto con su grupo social en las etapas como cazador-recolector, a una adaptación mucho más rápida a la sociedad moderna.

El estudio fue publicado en el British Journal of Psychology (Li & Kanazawa, 2016)